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La educación de los hijos


La educación de los hijos

 


Los hijos y la televisión

Guía para padres


[María Miret García
Periodista y miembro de Aire Comunicación.
Asociación de Edu-comunicadores
]

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN
ALGUNOS DATOS PARA EMPEZAR
Ordenador vs televisión
Los niños ven programas de mayores
Los niños ven la tele por la noche
Los niños ven la tele solos
Los niños aprenden a ver la tele de los mayores
Los padres no hablan de la tele con sus hijos

Y para terminar... “la cifra”

PARTE I. LO QUE LOS PADRES DEBEN SABER
I.1.¿Cómo nos influye la televisión?
I.1.a. Las distintas teorías sobre la influencia de los medios de comunicación
I.1.b. El poder de la imagen
I.2. El uso responsable la televisión
I.3. Los hábitos de un buen televidente:
A tener en cuenta
Para pensar
Algunas normas generales
5 Consejos prácticos
Para pegar en la nevera:
    Los 5 derechos de los telespectadores

PARTE II. TUS HIJOS Y LA TELEVISIÓN
II.1.¿Qué ven nuestros hijos en la televisión?
Series
Programas infantiles
Anuncios
II.2.¿Cómo les influye la televisión?
II.3.¿Qué les influye de la televisión?
El sexo
La violencia
La publicidad
II.4.El mal uso de la televisión
Los problemas de los padres
II.5.El buen uso de la televisión
II.6.Educar viendo televisión
II.7.Consejos para utilizar la televisión aprovechando su potencial educativo
A tener en cuenta
Para pensar
Algunas sugerencias
Normas generales
Consejos prácticos
Propuestas de actividades
II.7.a. Para hacer
Una vida sin televisión
Actividades con televisión
Jugar con televisión
En colaboración con la escuela
Con los anuncios
II.7.b. Para charlar
Ante la publicidad
Para poner en lugar visible:
   
10 consejos para los peques de la casa

ANEXO I. EL VISIONADO DE TELEVISIÓN POR EDADES

ANEXO II. EL CÓDIGO DE AUTORREGULACIÓN Y LA BAHÍA DE LOS 5 VIENTOS
La Declaración de Madrid
El código de autorregulación de contenidos
 

Informe sobre el Cumplimiento del acuerdo

BIBLIOGRAFÍA


INTRODUCCIÓN

Ni el televisor ni ningún otro electrodoméstico tiene bondad o maldad en sí mismo. La televisión es un medio neutro y aséptico por su propia idiosincrasia. La clave está en el uso que hagamos de él. De este modo, la bondad o la maldad de la televisión dependerá de aquel quien la programa y de los contenidos que se introduzcan en la programación, pero también “de que aprendamos a tener dominio sobre nosotros mismos y sepamos mirar inteligentemente”1.

Lolo Rico considera que no deberíamos renunciar “al placer que este medio entraña” porque la televisión nos ofrece muchas posibilidades. Lo que pasa es que hay que saber utilizarla. Y es que la televisión es un medio como otro cualquiera y, entre sus funciones, figuran la de entretener, como la radio, los libros o el cine. En este sentido, la televisión puede mostrarnos el mundo mejor que cualquier otro medio, ya que puede enseñárnoslo “como si dispusiéramos de unos potentísimos prismáticos”. Es por ello por lo que se debe diferenciar entre el medio –en este caso, la televisión-y la utilización que de él se hace. Porque “no tener televisión hoy es arriesgarse a vivir fuera del mundo”.

Cuando Gutenberg descubre la imprenta, la importancia y extensión de tan gran invento pasa desapercibida. La cultura oral, que era propiedad de los pueblos, es sustituida por la escrita y la élite que tenía acceso a los conocimientos tendrá que empezar a compartirlos con otros sectores de la sociedad gracias a la difusión del libro impreso. La imprenta provocó la mayor revolución silenciosa vivida por la humanidad. “Aquella sencilla idea que permitía reproducir un libro cuantas veces quisiera el impresor y en un breve espacio de tiempo iba a cambiar el mundo: terminaría con el monopolio de la difusión de la cultura y, sobre todo, haría que los libros desbordaran los monasterios e inundaran las ciudades y las villas”2. Ya en aquel momento, muchos predicaron el fin de la cultura por culpa de su divulgación.

Podemos encontrar paralelismos entre el temor y la reacción que provocó la imprenta en su época y la que en la actualidad despiertan los medios audiovisuales, sobre todo la televisión. Continuamente escuchamos que la cultura es cultura escrita y de este modo, “llegamos al convencimiento de que los medios audiovisuales, y en concreto la televisión, es mala desde el punto de vista cultural “porque vulgariza y envilece, peligrosa porque distrae y transmite violencia y basura, y nefasta porque aparta del libro”3. Gore Vidal aseguraba recientemente “que en el primer mundo nadie lee libros debido a la falta de tiempo de la gente, distraída como está por la televisión”.

Pero antes de producirse la explotación de los grandes medios de comunicación de masas, los destinatarios de la cultura se reducían a los grupos científicos y educativos. Sin embargo, en estos últimos años, la cantidad de información y cultura transmitida a todas las capas de la sociedad es muy superior a la transmitida en cualquier otro momento e, incluso, a la transmitida a todo lo largo de la historia de la humanidad. Actualmente, el público es no sólo el mayor consumidor de bienes materiales, sino también de mensajes culturales, gracias a la televisión.

ALGUNOS DATOS PARA EMPEZAR

“Antes de cumplir los 15 años, un niño habrá visto televisión durante un tiempo equivalente a 17 meses”, lo que supone que “casi un año y medio de toda su existencia se habrá dedicado a ver televisión”. Son datos que extrae Agustín García Matilla4 de un informe elaborado por la universidad de Comillas para el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales en 2003, denominado Situación social de la infancia en España. “El tiempo que los escolares permanecen por término medio ante el televisor en la mayoría de los países occidentales es, como mínimo, equiparable al total de horas de permanencia en la escuela” e incluso superior5: “según los últimos estudios realizados, el tiempo que los niños emplean viendo la televisión supera al de permanencia en el colegio”6, ya que en la actualidad niños y jóvenes pasan más de 3 o 4 horas al día frente al televisor.

Según el Análisis de las audiencias infantiles elaborado por Marta Lazo en 20037, ver la tele es “la actividad preferida al llegar a casa tras volver del colegio” para un 92’15% de los niños españoles, que “citan esta opción por delante de jugar con juegos y con juguetes (86’3%), merendar (85’2)y hacer los deberes (79’2%)”.

Sin embargo, en otras investigaciones, al hablar “sobre sus preferencias generales para el tiempo de ocio, los escolares manifiestan que el contacto con la calle, los amigos, el juego y otras formas de interacción a menudo se prefieren como alternativa a ver televisión”, a pesar de que “los padres, fundamentalmente los de zonas urbanas, suelen actuar desde el temor y prefieren tener a los hijos en la casa, pues consideran que hay menos riesgos que en la calle”8. Según datos de 1992, “un 82’3% prefiere salir con los amigos a permanecer sentado frente al televisor, un 74% jugar a juegos de mesa, el 72’1 hacer deporte y el 69’6 jugar con los amigos. Incluso un 52’2% estará más satisfecho leyendo lo que les guste que ante la pequeña pantalla”9. Y “según el estudio del CIS La televisión y los niños: hábitos y comportamientos elaborado en mayo de 2000, a los 4 años el 91% de los niños ya ve la televisión; es más, el 55,5% ya lo hace a los 2 años. Estos públicos, frente a lo que suele pensarse, son los que menos TV ven. La televisión ocupa en tiempo, al igual que para el resto de los españoles, el tercer puesto en las actividades de estos públicos, después de dormir y estudiar. Si bien es cierto que en todos los estudios en que se pregunta a los niños por sus preferencias de ocio la televisión no suele ocupar los primeros lugares. Siempre prefieren jugar con sus amigos o estar con sus padres. Otra cuestión es que las circunstancias familiares lo impidan y terminen con el niño ante el televisor”, ya que “un 20% de los niños (de 4 a 12) no tiene otras alternativas para entretenerse (coincide con el mayor consumo de televisión de las clases más populares, hasta una hora y media más). Porque en lo que también coinciden los niños con el resto de públicos, es que sobre todo ven la televisión para entretenerse (un 85%)”10 .

Ordenador vs televisión

Según un estudio de la Universidad de Navarra, “los escolares de 9 a 11 años dejarían de lado la televisión frente a los otros medios si tuvieran que elegir”, ya que al niño le atrae ante todo la interactividad. En este sentido, un estudio elaborado en 2004 por la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU) entre sus asociados “constata la percepción de los padres de que sus hijos mayores de 7 años (no así lo menores) dedican más tiempo al ordenador y los videojuegos que a la televisión (aunque también afirman que entre sus principales actividades de ocio —mayoritarias de 7 a 11 años— están hacer deporte y jugar en casa)”11 .

Efectivamente, “las llamadas “nuevas pantallas” (videojuegos, internet y teléfono móvil) van ganando paulatinamente espacio en las preferencias de los niños y adolescentes frente a la televisión”.12 En los últimos meses de 2005 “ha descendido el consumo de televisión en nuestro país”, según datos ofrecidos por el Estudio General de Medios (EGM). “Hay que remontarse 13 años para encontrar un valor de penetración del medio televisivo tan bajo”13, aunque “los factores que causaron el descenso de la audiencia infantil y juvenil en el año 2005 fueron la proliferación y la mayor accesibilidad a otras formas de entretenimiento, como son Internet y los videojuegos, es decir... ¡más pantallas!”14. A partir de los 12 años y hasta los 24 se observa este cambio de tendencia: en esta franja ha descendido el consumo de televisión. Los jóvenes están delante de la pantalla de televisión 142 minutos diarios, pero completan su tiempo de ocio con otras pantallas: la de los videojuegos y la del ordenador conectada a Internet.

Los niños ven programas de mayores

“Los datos de audiencia constatan que el perfil de la televisión generalista se vuelve cada vez más adulto. De una década a esta parte, niños y jóvenes han descendido su consumo de este medio (más de 10 minutos de media por día). Gran parte de ese tiempo se ha ido hacia la televisión temática. Su mayor consumo, al igual que el resto de la población, está en el prime-time, no en las franjas de programación infantil, seguido de cerca por la sobremesa (aquí destaca la presencia de Los Simpsons). Por días, realizan un mayor consumo los fines de semana. Estos datos reflejan una tendencia estable a lo largo de los últimos años y que en 2005 se refuerza si cabe: los públicos infantiles y adolescentes consumen de manera preferente los mismos programas que los adultos”15 .

Los niños ven la tele por la noche

Según datos de Corporación Multimedia, en 2003 casi 700.000 niños vieron la televisión diariamente en el prime time, es decir tras el informativo nocturno, convirtiendo a esta franja horaria en la de mayor audiencia infantil. Además, más de 150.000 niños ven la televisión a partir de las doce de la noche, en el llamado late night, lo que supone casi un 5% de los niños. Y según datos del Anuario de la Televisión 2005 elaborado por el Gabinete de Estudios de la Comunicación Audiovisual (GECA), “entre las 8 de la tarde y las 9 de la noche hay una media de 622.000 niños de 4 a 12 años viendo la televisión, una cifra que aumenta hasta los 835.000 en la hora siguiente, lo que supone un incremento del 34’2%”. En concreto, “el momento con más espectadores infantiles es a partir de las 10 de la noche, momento en el que se concentran 915.000 niños delante del televisor, un 9’5% más que a las 21’00”. Un 78’1% de los pequeños admite ver televisión en horario nocturno, el 59% por la tarde, el 55 por la mañana y el 35’2 al mediodía. Verla pasadas las 22 “es un hecho normal para una media de entre 600.000 y 800.000 niños y niñas que en España consiguen saltarse todos los filtros paternos, si es que éstos existen”. Lo cual demuestra que “no hay excesivas restricciones para los niños”.

Los niños ven la tele solos

“En España un 31% de los niños ven siempre solos la televisión y otro 35% solamente en ocasiones la ven con sus padres”16 . Pero el hábito predominante entre nuestros hijos es “ver la televisión durante un tiempo superior a las 3 horas diarias, sentados, sin otra compañía que la que les ofrece la pantalla, en silencio, sin actividad física o mental”17. Estos datos los corrobora un estudio de Barlovento Comunicación18 , según el cual “casi la mitad del tiempo que pasan los jóvenes españoles delante del televisor lo hacen solos”, conformando “el grupo de edad que emplea una mayor parte de su tiempo de consumo viendo la tele solos” (un 45% del total de visionado individual). Como se recoge en el estudio Una televisión para la educación, “aunque la mayor parte de los escolares encuentran compañía cuando vuelven a casa (91’3%), casi el 9% está sólo en el hogar. Algo más del 70% de los que manifiestan estar acompañados lo están por su madre, el 50% por sus hermanos y casi el 40 por el padre”. A pesar de ello, un 16’5% de los encuestados ve la televisión “sin compañía alguna”: según un estudio de la Universidad de Navarra, un 42% de los niños de 9 a 11 años reconoce ver los programas habitualmente sin ninguna compañía.

Como podemos comprobar, la tendencia a la baja en el consumo de televisión por parte de los jóvenes no es el único cambio que tenemos que tener en cuenta en la actualidad. También están transformándose los hábitos de visionado: cada vez vemos menos la televisión en familia. El anuario de la televisión, publicado por el Gabinete de la Comunicación Audiovisual (GECA) dirigido por José Ramón Pérez Ornia, destaca que “la televisión pierde paulatinamente su componente familiar y se está convirtiendo en una oferta de consumo individual. Y volvemos a encontrarnos con el grupo de los jóvenes porque esta tendencia aparece más acusada en él, precisamente el segmento de audiencia menos fiel a una cadena determinada y más propenso a zapear. La televisión está dejando de ser un medio familiar por la conjunción de distintos factores: más televisores en cada hogar –casi el 50% de los niños de ESO disponen de una televisión en su habitación-crecimiento de hogares unipersonales y la aparición de nuevos medios como Internet”.

Según el informe de esta empresa especializada en marketing audiovisual, “el 43% de las horas que los niños dedican a ver la tele lo hacen acompañados por dos o más individuos, mientras que pasan solos el 28% de su tiempo televisivo”. Sin embargo, los adultos “están solos el 41% del tiempo ante el televisor”, mientras que el 39% del tiempo que los españoles ven televisión lo hacen acompañados por otra persona y el 20% de forma grupal. Tras ellos, “los niños son los que más tiempo la disfrutan de forma grupal (43%) y los mayores de 64 años los que en mayor porcentaje la ven acompañados por otra persona (48%)”, siendo “el segmento que más proporción del tiempo de consumo pasa en pareja frente al televisor”. Por su parte, “cada espectador ve una media de casi 4 horas de televisión todos los días: el consumo promedio del espectador se sitúa en 239 minutos (4 horas), de los cuales el 41% del total es un tiempo que la televisión es vista por una sola persona”. Es decir, que “algo menos de la mitad del tiempo que los españoles dedican a ver la televisión lo hacen solos. El 39% del tiempo total es visto por dos personas a la vez, mientras que el grupo –una dificultad añadida por el presunto acuerdo de cuál es el programa elegido entre los distintos miembros-representa el 20% de la totalidad de minutos”.

Por núcleos de población, “en las grandes ciudades el índice de tiempos más importante se produce en el consumo íntimo (el 46% del tiempo de visionado se hace solo)”, siendo Andalucía y Galicia “los territorios en los que se registra una mayor proporción de tiempo de consumo grupal; por el contrario, el País Vasco revela de una forma especialmente mayoritaria un modo de visionado individual” y por cadenas, “Telecinco es el canal principal para los fieles televisivos que ven la tele individual y dualmente” (23’1 y 22%, respectivamente), mientras que Antena 3 es “la referencia para los espectadores que se reúnen alrededor de la televisión en grupo”, obteniendo unas cifras del 23’1% del share en el visionado familiar”; las televisiones públicas “TVE y el conjunto de la FORTA revelan sus mejores cifras de adscripción en el disfrute dual del medio”. Por último, “la televisión no convencional encuentra sus principales fortalezas en el disfrute individual del medio”.

Los niños aprenden a ver la tele de los mayores

Como hemos podido comprobar, “las investigaciones más recientes nos aportan datos sumamente relevantes acerca de las relaciones que las niñas y los niños mantienen con la televisión”. Pero estos hábitos, los niños los aprenden. Según Agustín García Matilla, “las personas mayores de 65 años superan, ante el televisor, la media de minutos que dedican a otras actividades (en España una persona de esta edad ve la televisión, por término medio, casi 5 horas y media al día)”. En concreto, en nuestro país, “alrededor de 30 millones de personas llegan a estar delante del televisor en algún momento de la franja de máxima audiencia entre las 20’30 y las 24’00 horas”. Según el informe Consumo de medios en Europa 2004, España es el cuarto país europeo que más ve la tele, por detrás de Italia, Grecia e Inglaterra. “Los españoles adultos se pasan 222 minutos diarios frente al televisor” y los niños, 146. Por cadenas, “Telecinco o Antena 3 ocupan la sexta y octava posición respectivamente en el ranking de televisiones gratuitas más rentables de Europa”19. Para los españoles, la televisión ocupa en tiempo el tercer puesto en sus actividades diarias. Durante el año 2003, los españoles, como media, estuvieron 212 minutos diarios frente al televisor, es decir, dedicaron 53 días del año a ver imágenes a distancia a través de las ondas hertzianas. Sus hijos pasaron, según un estudio de la empresa Sofres, 218 minutos diarios.

Los padres no hablan de la tele con sus hijos

Aunque “algo más del 54% de los escolares dicen hablar con los padres de manera habitual”, también “dan a entender que los padres no son capaces de hacer sugerencias para un aprovechamiento útil, creativo y más lúdico del medio”. En este sentido, “el 13% de los encuestados afirma no hablar con nadie acerca de lo que ve en televisión”. Para los niños, el hecho de poder ver la televisión en familia significa tener un rato para poder hablar también con sus padres” pero éstos “no aprovechan esos momentos para comunicarse mejor”, sino que prefieren “tomar una actitud más bien pasiva. En general, la opinión de la mayor parte de los niños es que sus padres pasan de ellos y que a veces es mejor apagar la tele para poder dialogar”20. Además, según el libro El tercero ausente21, “los niños perciben que sus progenitores no tienen una visión muy clara acerca de lo que se puede ver y lo que no se debe ver. Aparte de negar la posibilidad de que los niños vean sexo y violencia, no suele haber otros motivos para cuestionar el que los más pequeños vean televisión en un determinado horario”. Según el testimonio de los pequeños, “los padres no suelen guiar la observación y no suelen hacer otros comentarios que no sean este programa es una tontería”. Eso sí, “cuando los progenitores tienen interés en ver otro programa, lo expresan con claridad y derivan a los niños a un segundo televisor. Resulta excepcional y es muy poco usual que los padres negocien con sus hijos qué es lo que podría interesar ver en familia”.

Según una investigación de la CAM, “sólo un 19% de los niños encuestados ve la televisión acompañada de sus padres (aunque nada dice de la relación con sus padres en ese momento). Un 55% escoge los programas sin consultar, un 50% suelen ser castigados sin ver la televisión, un 39% nunca comenta con sus padres los programas y un 21% lo hace rara vez. Y según otro estudio elaborado por el CIS en mayo de 2000 entre niños de 7 a 16 años y sus progenitores, el 66% de los padres reconoce que no controlan de manera sistemática lo que ven sus hijos en televisión, a pesar de que cerca de la mitad (42%) opina que algunos de los programas que se emiten pueden perjudicar o ser nocivos para menores de 12 años. Los niños, por su parte, admiten que sus padres no les aconsejan sobre lo que ven en la tele (el 45%) y que no les prohíben los programas inadecuados para su edad (43%). El estudio elaborado por la CEACCU en 2004 entre sus asociados (un público que de partida puede estar más concienciado) constata que aproximadamente un 30% de los padres reconocen no tener ningún control sobre el consumo televisivo de sus hijos, en torno a un 40% piensan que sus hijos no ven demasiada televisión y la mitad de los encuestados no piensa que la televisión pueda tener alguna influencia —positiva o negativa— sobre sus hijos, sino que es simplemente un entretenimiento. Solo una tercera parte afirma comentar habitualmente los programas con sus hijos, a pesar de que la mayoría reconoce que el consumo televisivo de sus hijos es ante todo responsabilidad de los padres”22 .

Mención aparte merece la investigación realizada por Magdalena Albero sobre niños de 7 y 9 años que incluía encuestas para sus padres. Las respuestas de los progenitores (sólo un 30% contestó al cuestionario) arrojaron información contradictoria con la expresada por sus hijos, a saber: “la mayoría de los padres respondieron que sus hijos veían mucha menos televisión de lo que sus propios hijos habían contestado” y tampoco la mayoría “ supo enumerar cuáles eran los programas favoritos de sus hijos”. De hecho, “los padres afirmaron que sus hijos veían muchos documentales y programas educativos, mientras que los hijos nunca los incluyeron entre sus gustos” y “la mayoría de los padres contesta afirmativamente a la pregunta de si ven la televisión o hablan acerca de lo que han visto con sus hijos. Sin embargo, los niños declaran no ver ni hablar de aquello que les gusta en televisión con sus padres”23 .

En 1995, la investigación Televisión, currículo y familia24 confirmó “la necesidad de estructurar una formación para la mediación”. En ella, “las madres y padres de clase media-alta, participantes en los grupos de discusión, manifestaban su aspiración de llegar a programar el consumo televisivo de sus hijos. En la práctica, confesaban una cierta frustración y dudaban de que esto fuera finalmente posible”. En todo caso, “los padres se presentaban como unos usuarios que tenían voluntad de ser selectivos y ayudar a sus hijos a ser también más selectivos con la televisión, pero finalmente confesaban que, en la práctica, acababan zapeando como forma de huida en busca de algún canal que tuviera algo más atractivo que ofrecer, sin llegar a convertirse en auténticos mediadores”. Curiosamente, “algunos padres y madres de diferentes clases y estratos sociales comparten la opinión de que la televisión engancha y, al mismo tiempo, coinciden en señalar que este medio no se suele utilizar, por lo general, para dialogar y comunicarse con los hijos”. Concretamente, los investigadores “detectan una desproporción elevada entre la influencia negativa que se le suele achacar al medio y la vivencia concreta de padres, maestros y profesores”. De este modo, esa supuesta influencia no se percibe “como algo que afecte de manera concreta a los entornos cotidianos de quienes la denuncian. La televisión preocupa en la medida en que ésta se halla deslegitimada y por tanto, su consumo se suele ver, por ejemplo, como una pérdida de tiempo. También se observa una gran distancia entre discurso e implicación”; por ejemplo, “los entrevistados critican la violencia en televisión pero luego sus mandatos se centran en la prohibición de ver contenidos vinculados con el sexo”. Por último, con frecuencia “se recurre a la televisión para premiar o castigar” 25 .

Y para terminar... “la cifra”

Un niño español de 10 años habrá visto más de 500.000 anuncios en televisión.

PARTE I
LO QUE LOS PADRES DEBEN SABER

La televisión adultiza al niño y pueriliza al adulto26 .

Como dice Lolo Rico, “todo es posible en televisión”, donde “cualquier cosa cabe y todo vale”27 . Según Federico Fellini, “la televisión es el espejo del fracaso cultural de la sociedad” y, sin lugar a dudas, “el medio televisivo puede ser tomado como un referente de las sociedades en las que vivimos”28. Pero, como afirma la citada autora: “la televisión, hoy por hoy, no es un arte”. Y es que “la televisión, pudiendo ofrecernos una visión del mundo nos proporciona basura camuflada por la presión política, económica y publicitaria”29. La filosofía sería la siguiente: “cuanto peor es el programa más le gusta a los telespectadores”. Desde luego, cuando se utilizan siempre los mismos recursos se van creando hábitos en el espectador pero, contrariamente a lo que se piensa, en este mercado tan condicionado, la demanda del público no determina la oferta, sino que “la oferta de imágenes está determinada por las expectativas de beneficios del distribuidor privado, que dicta así su elección al telespectador”. Lolo Rico está convencida de que “la gente no está conforme con lo que sale en la pequeña pantalla, que es como decir que no les gusta”. Pero no se trata de coger la televisión como chivo expiatorio de todos nuestros males, ya que “la televisión no deja de ser, entre otras cosas, el reflejo de un país”30 .

Lo que sí es necesario es “que los ciudadanos y ciudadanas tomemos conciencia en primer lugar de esta situación, para en segundo lugar iniciar un camino que nos conduzca a reapropiarnos de la comunicación en particular y del sistema en general” 31 . Ello requiere de una educación previa, de una formación adecuada. Y en este sentido, “educar para la comunicación exige educar en el derecho que todos tenemos a recibir una información veraz que no se vea sesgada y manipulada”. Porque es un derecho de los ciudadanos estar informados y una obligación de los medios de comunicación satisfacer esa demanda y “la televisión, como servicio público que es, tiene la obligación de atender a las necesidades de los diferentes públicos y audiencias”32 .

I.1.¿Cómo nos influye la televisión?

La pantalla influye más de lo que creemos en nuestra vida: hablamos y cantamos como nos dice la tele y los anuncios influyen cada vez más en nuestra vida. Los medios de comunicación audiovisual forman parte de la sociedad en la vivimos

I.1.a. Las distintas teorías sobre la influencia de los medios de comunicación

No podemos comenzar a hablar de la influencia de la televisión sin antes revisar algunas de las teorías más influyentes sobre el tema. Entre los siglos XIX y XX surge el “mito” de los medios de comunicación”: basándose en la fuerte presión que ejercen los medios, se considera que todos los males de la sociedad se deben a su poderosa influencia, de la que somos víctimas. En este contexto surge la teoría de la aguja hipodérmica o de la bala, según la cual los medios “inyectan” su mensaje en el cuerpo social y la población queda sometida a ellos sin poder hacer nada. Se trata de una relación directa y potente, en la que el emisor tiene una posición privilegiada y los medios de comunicación son transmisores de un único producto unívoco y con significado cerrado. En cuanto medio más potente y extendido, la televisión se convierte en un instrumento perverso de manipulación, que induce a la pasividad y transmite un producto de calidad cultural más baja que el resto de medios.

La sociología del conocimiento y las psicologías social y cognitiva añaden un cambio de perspectiva al empezar a hablar de mediación. Entre los años 40 y 60 se empieza a hablar de efectos limitados, estos se relativizan y se habla de una relación entre mensaje y receptor no tan directa, ya que el segundo posee información por si mismo, por lo que nunca es persuadido por completo. Surge la teoría de que sólo recibimos los mensajes de los medios con los que estamos de acuerdo y en los años 60 comienza a difundirse la idea de que la influencia de los medios se produce a largo plazo. Además, según la teoría de múltiples pasos, la comunicación que nos llega está muy mediada. También por los 60 surge la idea de la distancia social del conocimiento, según la cual las personas aprovechan lo que aprenden a partir de una base previa de conocimientos.

La teoría de los usos y gratificaciones de Blumer introduce el concepto de audiencia activa que, a su vez, manipula a los medios y, con la tesis de los efectos incuestionables de los medios que se producen en la sociedad, comienza a hablarse del uso del tiempo libre, la función de “canguro” de los medios y la adquisición de información a través de ellos: comienza el análisis de la recepción. Por otra parte, se habla de que los medios influyen no por su contenido, sino porque seleccionan unos hechos y no otros y esta influencia va encaminada a reducir el silencio creciente a las minorías de opinión, por lo que se genera una opinión pública mayoritaria que margina a la minoritaria. Por su parte, la teoría de la catarsis establece que los medios hacen daño a la audiencia que tiene conflictos o que carece de filtros críticos.

En la actualidad, más que de efectos directos e individuales tenemos que hablar de contenidos de riesgo a largo plazo y apreciables en una dimensión social. Algunos autores los definen como “aquellos que entrañan un peligro potencial que puede o no tener consecuencias directas para ciertos individuos, pero que, a la larga, y considerados estadísticamente, sí engendran daños notorios para la sociedad”. En este sentido, no hablaremos del efecto directo que tienen los contenidos de riesgo sobre los comportamientos personales, sino de un efecto acumulativo que acabe degradando el contexto social y cultural o, lo que es peor, que produzca una total confusión y desconcierto con respecto a los principios morales más fundamentales. Un ejemplo de estos contenidos de riesgo serían los contenidos violentos, los sexistas y racistas, los pornográficos, los consumistas, aquellos que tienden a la corrupción del lenguaje, los que atentan contra las normas de respeto, etc.

En su artículo Educar con televisión, Pablo García habla de “la caja tonta que entretiene e idiotiza a las masas” 33. Según este periodista, “la televisión es un poderoso medio que se usa y del que se abusa sin que los espectadores -las masas-puedan hacer otra cosa que mirar fascinados”. En este sentido, el televisor es un mero electrodoméstico no muy diferente de la nevera o la lavadora.

Para Teresa Navarrete, “la televisión es ante todo un gran consumidor de ocio y de tiempo libre, inductor de pasividad y cargado de bajo voltaje cultural, que acapara una buena parte del horario de los ciudadanos y sobre todo de los niños..”. Sin embargo, sus efectos dependen del contexto cultural en que se reciban las emisiones, lo que los hace limitados, aunque su capacidad de penetración y de información sea muy poderosa. Generalmente, además, “la influencia de los medios se refuerza cuando el telespectador, oyente o lector está emocionalmente involucrado y se identifica a sí mismo con los personajes”. Pero de hecho, su poder es suficiente para cambiar hábitos sociales y -como asegura Victoria Camps-nuestra forma de comunicación.

Desde luego, lo es evidente es que los medios de comunicación audiovisual ejercen alguna influencia en los receptores. Para empezar, cualquier tema de interés público está condicionado por la televisión, que lo refleja y la opinión pública se forma en gran medida a través suyo. Lolo Rico opina que “los medios de comunicación, especialmente los audiovisuales, no sólo representan y transmiten la realidad, sino que en cierto modo la crean”34 . Sin embargo, en realidad los contenidos de los medios influyen en nuestras concepciones, normas, valores y emociones más que en nuestras acciones.

Lo que sí parece claro es que el mensaje televisivo es más impactante que el de ningún otro medio. Primero, por la inmediatez y facilidad que supone tener el televisor en casa. En segundo lugar, porque “la pequeña pantalla compromete más los sentimientos que la inteligencia, lo instintivo que lo reflexivo, lo impulsivo y visceral que lo ponderado y meditativo”. Y por último, porque es más fácil leer imágenes que letra impresa. La diferencia es que, en otros géneros, como la lectura o la pintura, la distancia evita que confundamos unos mundos con otros. Pero en la cultura de la imagen todo sucede demasiado deprisa.

Pese a todo lo dicho, diversas investigaciones demuestran la importancia del contexto de recepción en la influencia de los mensajes. De él dependen en gran medida los efectos benéficos o nocivos que genera un medio, y no del medio en sí. Así, la eficacia de la comunicación tiene que ver con el desarrollo adecuado de las habilidades personales, tanto del emisor como del receptor.

I.1.b. El poder de la imagen

Vivimos inmersos en la cultura de la imagen. A diario estamos sometidos constantemente a la influencia de las imágenes que, a su vez, configuran situaciones, comportamientos, modelos y estilos de vida manufacturados y los poderes mediáticos son capaces de modificar el modo de percibir la realidad y hasta de producirlo artificialmente. Muchos autores consideran que, con la primacía de la imagen que se ha establecido en el mundo moderno a través, principalmente, de los medios de comunicación de masas y la publicidad, se pierde la capacidad de pensar.

Pero, aunque la imagen incide tanto en la existencia que puede llegar a resultar más real que la propia existencia, la imagen puede manipularse. Por ello, la educación en el lenguaje de la imagen puede servir para recuperar el espíritu crítico y creativo frente a los medios de comunicación. La clave está en aprender a distinguir la imagen de la realidad, sabedores de que la imagen transforma y hasta puede modificar la realidad.

I.2. El uso responsable la televisión

Umberto Eco compara el potencial de los medios con el de la energía nuclear y dice que, como ésta, debe canalizarse hacia buen fin a base de claras decisiones culturales y morales.

La tele es un electrodoméstico más de la casa que está, como cualquier otro aparato, para usarlo. Entre sus utilidades figuran la de mantenernos informados, entretenernos, enseñarnos y ampliar contenidos. Por la tele podemos ver en directo acontecimientos a los que no podemos asistir. Aunque la televisión también induce al consumismo, provoca pasividad y genera frustración al ofrecer modelos de vida inalcanzables, entre los aspectos positivos de la televisión destacan la información, la formación y la diversión, que facilitan el acceso al mundo exterior abriéndonos puertas y ventanas a otras culturas.

La televisión no sirve para verla porque estamos solos, porque tenemos miedo o ansiedad, porque no tenemos dinero para hacer otra cosa, para huir de los problemas, porque nos aburrimos o estamos frustrados. De hecho, el televisor no facilita ninguna relación. La televisión sólo “sirve para encararnos con nosotros mismos”35 . Y sólo cuando utilicemos la televisión sólo para lo que sí sirve, habremos comenzado a ser un buen telespectador, es decir, un espectador crítico y reflexivo. Por el contrario, “quien no sabe dar a la televisión su justo uso, viéndola indiscriminadamente y en exceso, es un mal telespectador”. En este sentido, “nuestro poder es el de la libre elección”36 .

No hay que olvidar que la televisión tiene fundamentalmente el cometido que el hombre le asigne y que es posible fomentar una actitud más crítica en el telespectador. Porque una persona está informada no cuando adopta una actitud pasiva ante la información, sino cuando valora y contrasta esa información, la utiliza como fuente de conocimiento y la asimila en eso que llamamos sabiduría. Por todo ello, es necesario cambiar de mentalidad y empezar a ver la tele de otra manera.

En El buen telespectador, Lolo Rico37 insta a llevar a cabo “la revolución del buen telespectador”, en vista de que los que dirigen las cadenas “no abandonarán sus planteamientos estrictamente comerciales, salvo que se les obligue siendo buenos telespectadores y aprendiendo y enseñando a ver televisión”. Por ello, es el telespectador quien tiene que poner de su parte, siendo consciente de lo que está viendo y juzgándolo según sus criterios, basados, si queremos que sean acertados, en unos mínimos conocimientos y en el hábito de ejercerlos. Se trata de pasar “del espectador pasivo al espectador exigente”38 .

En 2012 se producirá un “apagón analógico” tras el cual todas las señales televisivas del país pasarán a ser digitales. Pero muchas de las formas actuales de hacer televisión seguirán existiendo, la televisión generalista seguirá conviviendo con los canales temáticos y para muchas personas, la forma de relación con el televisor será muy similar a la que tienen hoy en día: una relación pasiva y limitada a encender el aparato y zapear. Sin embargo, a partir de ese año, el nuevo aparato receptor pasará a convertirse en “un electrodoméstico inteligente”.

I.3. Los hábitos de un buen televidente

“Los medios de comunicación social están en nuestras vidas. Es responsabilidad nuestra que lo que ellos nos ofrecen diariamente se convierta en un riesgo o en una inmensa riqueza. El peor de los contenidos mostrado por estos medios puede ser una buena experiencia si la familia lo comparte y extrae el mensaje correcto desde sus creencias y valores. El mejor de los contenidos, sin embargo, puede perder su gran valor si en el ámbito familiar no se dedica un tiempo a pensar, evaluar, hacer preguntas y resaltar todo lo bueno que se puede compartir del medio de comunicación. Riesgo, riqueza y responsabilidad de la familia, porque los medios de comunicación ya se han quedado a vivir en nuestra casa”39 .

La televisión se consume fundamentalmente en familia. De ahí la importancia de que ésta “prepare un contexto que garantice una experiencia enriquecedora como telespectadores”. Pero sólo si uno tiene una conveniente educación podrá ir enjuiciando y criticando paralelamente. Porque “la televisión sólo resulta nociva cuando no se está preparado para contemplarla” 40 .

A tener en cuenta41:

-La familia tiene que considerar la riqueza de contenidos que ofrecen los medios de comunicación: la tele nos permite conocer otros países, otras culturas, otros pueblos, nos informa, nos muestra hazañas deportivas, nos descubre maravillas de la naturaleza y manifestaciones artísticas... -Los padres no deben prohibir un medio presente en nuestras vidas sólo por los posibles peligros o riesgos que encierra sino que, en la Sociedad de la Información y el Conocimiento, la familia tiene que enseñar a cada uno de sus miembros un nuevo lenguaje para que contraste los valores transmitidos en la familia con los que muestran los medios. -La familia ha de entender, en fin, que los medios de comunicación no son ni buenos ni malos, sino que el calificativo que adquieran estará en función del uso que cada uno de nosotros hagamos de ellos.

Para pensar:

-Vigile la violencia ideológica de los medios, envuelta con frecuencia en el terciopelo de la persuasión. -Luche contra la hipnosis de la televisión reflexionando con frecuencia sobre la manipulación en los medios de información. -Hay que pensar que todo nos lo está contando alguien y a su manera: se trata de interesarse por el “quién es quién” de los informadores y los que opinan, considerando que, quienes salen en la tele, escriben en periódicos o hablan en la radio, no siempre son quienes más saben de eso de lo que se habla.

Algunas normas generales:

-La televisión tiene que encenderse sólo cuando se desea ver algún programa en concreto, nunca tenerla todo el día encendida, como música de fondo o sin sonido, y apagarse cuando el programa seleccionado haya finalizado; no hay que esperar a lo próximo que pueda interesarnos.

-No se siente ante el televisor para ver qué ponen, seleccione antes los programas. Se trata de usar la televisión para ver lo que se desea ver, no “lo que salga”. Hay que acostumbrarse a elegir la tele, nunca usarla como recurso cuando no hay nada que hacer. Un problema al que se enfrenta el telespectador es el de la contraprogramación, que hace imposible seleccionar con anticipación los programas que a uno pueden interesarle. Sin embargo, la nueva televisión digital ofrece muchos más instrumentos para seleccionar los programas adecuados. -La mejor forma de ver la televisión es alejar el mando a distancia, huyendo del “zapping” continuo. -Eso sí, acostúmbrese a cambiar de canal cuando un programa no le parezca conveniente y, si en todas las cadenas la emisión es parecida, apague el televisor. -No vea la tele a menos de tres veces y media la altura de la pantalla, ya que la prolongada exposición a los rayos catódicos es perjudicial para la vista. Conviene respetar también el ángulo máximo de visibilidad lateral. Lo más recomendable es situarse perpendicular a la pequeña pantalla. También hay que cuidar la altura a la que esté situada la pequeña pantalla, de manera que no obligue a forzar la vista ni a adoptar posturas que produzcan defectos en la columna vertebral. Por último, no es conveniente ver la televisión a oscuras ni tampoco a plena luz. -Sólo una tele por familia: se trata de aprender a compartir unos espacios comunes estableciendo unos límites horarios pactados de antemano. -Vean la televisión en familia y hablen de ella, analizando los contenidos que se han visto y profundizando en su mensaje. -Las horas de la comida y la sobremesa son para charlar, momentos de diálogo en los que nunca debe de estar la tele encendida. -Tampoco se debe utilizar la televisión en reuniones familiares o con amigos, excepto que se reúnan para ver una película o acontecimiento deportivo. -“Es necesario establecer un pacto sobre horarios y programación”42, marcando un máximo de tiempo para dedicarlo a la televisión que no repercuta en la vida personal ni familiar. Como norma, la familia puede ponerse delante de la televisión cuando las tareas principales de la jornada hayan llegado a su fin. -Cualquier persona debe tener múltiples actividades a las que dedicar parte de su tiempo libre: hacer ejercicio físico, buscarse una afición o aprender algún trabajo manual.

-Defenderse protestando: hay que ser exigente respecto a la programación televisiva. Los padres tienen que apoyar los programas de calidad y quejarse cuando no se atiendan las necesidades de la sociedad. En este sentido son especialmente útiles las quejas formuladas en grupo. Otra opción es boicotear los productos que patrocinan o se anuncian en programas que atentan contra nuestra dignidad o afectan a la formación de nuestros hijos. Además, las familias tienen que organizarse formando parte de las asociaciones de telespectadores para defender su derecho a un medio de comunicación digno y defensor de los derechos humanos. También deberíamos exigir a los gobiernos un uso del medio que responda a sus potencialidades educativas y culturales. Y por supuesto, la medida de presión más importante: dejar de ver los programas de mala calidad. -Por último, apaguemos la televisión cuando la programación lo merezca.

5 Consejos prácticos:

-No usar el televisor como somnífero antes de dormir.-No ir a bares donde tengan la tele continuamente encendida.-No poner la televisión nada más entrar en casa ni encenderla cuando no se vaya a ver.-Instalar el televisor en el salón, nunca en el dormitorio ni en la cocina: la familia tieneque disponer de un espacio común donde compartir y comentar el visionado.-Apagar la tele cuando sea necesario.

En definitiva, el buen telespectador es43:

  • Crítico: compara, enjuicia y denuncia o alaba.
  • Responsable: selecciona y domina.
  • Activo: comenta, discute, contrasta y actúa, buscando alternativas.
  • Creativo: imagina, crea, produce.
  • Lúdico: se divierte.

Para pegar en la nevera: Los 5 derechos de los telespectadores44:

  • Derecho a discrepar de lo que se dice en televisión
  • Derecho a no creerse todo lo que sale en televisión
  • Derecho a tener el televisor apagado cuando haya visita
  • Derecho a dedicarse a otras actividades cuando pongan anuncios
  • Derecho a usar un sistema interactivo responsable que permita la comunicación entre el espectador y el medio

PARTE II

LA TELEVISIÓN Y TUS HIJOS

La televisión está presente en la vida del niño desde los primeros estadios de su desarrollo. Prácticamente se podría decir que hoy los niños nacen con “una tele bajo el brazo”, pues es a través de ella como los pequeños aprenden muchos comportamientos y actitudes sin ser consciente de ello. En la actualidad, los niños y las niñas en edad pre escolar ven mucha televisión. Muchos le dedican más horas que a jugar, a la escuela o a la familia. Los pequeños ven programas infantiles, pero también espacios para adultos.

En España, los programas más vistos por los niños no son espacios especialmente dirigidos a ellos y la programación infantil o adolescente no figura entre las más consumidas. La razón principal es que los espacios infantiles y juveniles no se incluyen en los momentos que más televisión consumen los pequeños porque su rentabilidad es baja (los niños de 4 a 12 años apenas representan el 6% de la audiencia total de televisión) y su poder adquisitivo también y tampoco generan publicidad porque todavía no son consumidores. Además, los niños no se cuantifican a la hora de medir las audiencias, por lo que hacer programas sólo para ellos supone perder un importante sector de audiencia porque alejan de la pantalla a otros telespectadores. Y es que la tarde proporciona a las cadenas de nuestro país unos 5 millones de telespectadores potenciales, de los cuales sólo entre un millón y un millón y medio son niños. Esa es la verdadera razón por la que en España ya no se emiten programas infantiles.

Sin embargo, la realidad es que los niños suponen un extraordinario mercado para los medios, sobre todo porque los hábitos de consumo son inducidos a través de ellos, ya que los pequeños son prescriptores de productos para sus padres. El problema es que a los programadores parece no importarles qué tipo de espacios vean los menores.

En la actualidad, la programación infantil española ha quedado recluida a los fines de semana y las mañana, experimentando una gran reducción del número de horas de lunes a viernes (en la temporada 2004-2005 volvió a reducirse tras el incremento de la temporada anterior). La programación infantil se ha articulado además en torno a programas contenedores –que analizaremos más adelante-y en ella dominan la producción extranjera y el sometimiento a la lógica del mercado. La excepción son los dibujos animados porque, aunque producirlos es carísimo, comprarlos sale muy rentable, sobre todo si se adquieren en Japón, aunque sean de baja calidad y tremendamente violentos.

Pero la programación infantil ha desaparecido de las parrillas a pesar de que en sus comienzos, la televisión española incluía en su programación contenidos educativos. A mediados de los 90, sin embargo, cuando todavía había programas destinados a la audiencia infantil en horario de tarde, “los programadores decidieron suprimir los espacios infantiles para dar cabida a magazines de larga duración dedicados a una audiencia potencialmente más amplia y rentable desde el punto de vista publicitario”45 . De este modo, espacios que eran recreativos y educativos a la vez y de gran utilidad para padres y educadores desaparecieron de nuestras pantallas. Ahora, como ya hemos dicho, sólo en las mañanas de los sábados hay ofertas de programas para niños y jóvenes.

II.1.¿Qué ven nuestros hijos en la televisión?

“Aunque las preferencias televisivas de los niños dependen también de variables como la edad, el sexo o el nivel cultural, se ha podido comprobar la influencia de la familia en los gustos televisivos infantiles”46 .

Como hemos visto, en la actualidad los niños y adolescentes españoles ven programación de adultos porque en la tele casi no hay géneros adecuados para ellos, a pesar de que, cuando se pregunta a los más pequeños qué géneros televisivos prefieren, “diversos estudios muestran una marcada preferencia por los dibujos animados, mientras que los jóvenes optan por las series policíacas y de aventuras, las comedias de situación, los programas cómico-musicales y las telenovelas”47 .

 “Según algunas investigaciones realizadas en este sentido, los productos de ficción que suelen consumir los niños no favorecen su desarrollo moral”48 pero, entonces, ¿qué es lo que ven nuestros hijos en televisión? Veamos algunos ejemplos.

Series

Los contenidos de las series de televisión transmiten un modelo de sociedad, unas ideas, unos contenidos que, en cierta medida, se corresponden con la realidad del público que las ve. Pero aunque los guionistas se inspiren en los personajes de la vida corriente para escribir sus argumentos, las series de televisión presentan siempre historias inventadas: se les llama series de ficción porque no se corresponden con un hecho real. No hay que olvidar que la ficción es siempre una reconstrucción de la realidad y que, frecuentemente, los colectivos que pretenden ser recreados en la pantalla nunca se ven reflejados en estas series. Sin embargo, las series son una importante fuente de información y modelos para un público que —a partir de los 7 años— está conformando su visión del mundo y una construcción moral sobre el mismo.

En la mayoría de los casos, las series de televisión responden a una lógica mercantil porque son un importante soporte publicitario. Además, al intentar llegar a toda la familia, entrecruzan argumentos para diversos públicos. Sin embargo, hasta los 7 años los niños suelen ser incapaces de comprender los argumentos de estos programas, por lo que necesitan de la explicación de los padres. Por todo lo expuesto, se puede afirmar que las series televisivas “no son productos especialmente diseñados para favorecer el desarrollo de los menores”49 .

Programas infantiles

Un informe de la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (Ceaccu) describe la programación infantil en televisión como “repleta de contenidos sexistas, violentos y que fomentan la competitividad y el consumismo, especialmente de comida basura”50 . Televisión para los niños 2004 se basó en el análisis pormenorizado de la programación de las cuatro grandes cadenas generalistas españolas durante una semana tipo, del 18 al 24 de octubre de 2004. En el apartado de “actitudes sexistas o atentatorias contra la dignidad de la mujer” se encontraron hasta 52 incidencias, con dos referencias a la violencia machista. Asimismo, dentro de “Fomento del consumismo”, el informe encontró “casos de comportamientos como la compra de productos innecesarios por estar rebajados, la justificación del marquismo y la relación entre consumo y la superación de problemas anímicos”. En lo que respecta a la exaltación de la violencia, se considera que “perdura la presentación de la violencia como herramienta capaz de resolver conflictos”, mientras que la competitividad es “otro de los contravalores más difundidos de la oferta infantil. El afán desmesurado por llegar a ser mejor en cualquier área es uno de los mensajes más reiterados”. A ello hay que sumar la “burla de la cultura”: según este estudio, “la idea que se difunde de la actividad cultural es la de ser una fuente de aburrimiento”.

Como ya hemos visto, en la actualidad la programación infantil se ha articulado en torno a programas contenedores que monopolizan la programación de las mañanas y en los que se ofrecen series de dibujos animados junto a un auténtico aluvión de publicidad y propaganda de todo tipo. En ellos domina la lógica mercantil, que los convierte en auténticos soportes publicitarios. “Los ritmos son trepidantes, con exaltación de la excitación, y se produce una adhesión irracional al club. La pertenencia a estos clubes está fundamentada en el mismo hecho de la pertenencia en sí, en ser uno de los nuestros, frente a la exclusión de quedarse fuera51. Sin embargo, este tipo de espacios puede ser aprovechado para fomentar la relación entre iguales, una de las necesidades básicas de la infancia.

Anuncios

“La publicidad televisiva presenta un modelo de joven frívolo, preocupado por el físico, hedonista y gran consumidor de ocio”, según revela el estudio Imagen de la Juventud en la Publicidad Televisiva publicado por el Consejo Audiovisual de Navarra52. En el trabajo, realizado por los profesores de la facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra Xavier Bringué, Alejandro Navas y José Javier Sánchez Aranda, se afirma que “la publicidad televisiva emplea estereotipos muy marcados” y que la dirigida a los jóvenes “insiste en la atracción física y en la belleza como cualidades específicas de la juventud”, predominando en la imagen corporal la femenina sobre la masculina, ya que en ellas se destaca mucho más el atractivo físico que en ellos.

Además, “entre los anuncios donde los jóvenes aparecen trabajando, el 87’3% muestran chicos y sólo el 57% chicas. En cuanto a las acciones realizadas por los personajes, ellas predominan en publicidad relacionada con salud o cuidado del cuerpo y ellos en la que tiene que ver con vida social y entretenimiento”. La situación más repetida en que aparecen los jóvenes es “la vinculada al ocio y los espectáculos, seguida del contexto lúdico, la vida social y el consumo”. La amistad tiene una presencia significativa entre los valores altruistas, pero la familia no y “entre los objetivos que se asignan a los jóvenes en los mensajes publicitarios priman la belleza y el cuidado del cuerpo y del placer. También destaca el éxito y no tanto el desarrollo personal”.

II.2.¿Cómo les influye la televisión?

En la actualidad, las programaciones de las distintas cadenas de televisión, tanto de nuestro país como de casi todo el mundo, perjudican gravemente a los niños y a los jóvenes, a los que las películas y los programas sirven de referencia.

La televisión es un medio más del paisaje social y cultural de las personas y es la totalidad de ese entorno –y no sólo la televisión-la que determina el desarrollo de la personalidad. Todo lo que el niño ve y oye influye en su conducta y en sus actitudes. La televisión es sólo un medio entre otros.

Sin embargo, en la actualidad la influencia de la televisión no sólo es cada vez mayor entre el público más joven, sino que se trata del medio de comunicación que tiene mayor importancia en la vida de los niños, tanto por su ubicación dentro del hogar como por el tiempo que pasan los pequeños frente al televisor todos los días. Hace ya casi 50 años, Antoine Vallet destacaba unas estadísticas según las cuales “el 80% de los acontecimientos adquiridos por los niños provienen de los diferentes medios de comunicación social y particularmente de la televisión”53. Hoy, la televisión es la fuente más importante de noticias, opiniones y actitudes sobre cuestiones sociales, políticas, la guerra y la paz , también para los niños. Según la Declaración de Madrid sobre Educación y Medios de Comunicación La bahía de los cinco vientos, “los medios presentan visiones del mundo que influyen en los comportamientos sociales y en la potencial maduración ética de niños y jóvenes”.

Para el niño, “el espectáculo televisivo cumple una función liberadora similar a la que cumplen los cuentos de hadas”54: a los pequeños les fascina la televisión porque las imágenes televisivas les ofrecen miles de estímulos y, además, los niños se sienten cómodos frente a la pequeña pantalla, que no les exige que piensen ni que se esfuercen. El problema es que el niño es como una esponja que absorbe todo lo que ve pero que no posee ninguna capacidad de discriminación., por lo que entiende a su manera lo que ve en televisión. Además, los pequeños espectadores no separan la realidad de la ficción, con excepción de los dibujos animados, por lo que todo lo que sale en pantalla es verdadero para cualquier niño y, por lo tanto, puede volverse influyente y peligroso. Los pequeños tampoco son capaces de leer la cantidad de imágenes con que les bombardean los medios y a la velocidad con que les llega, con lo que las escenas tienen para ellos – aunque no lo sean-carácter subliminal y quedan grabadas en su inconsciente. No se trata solamente de que la televisión absorba gran parte de su tiempo, sino de que la capacidad de comprensión del niño no avanza tan deprisa como su interés por temas complejos que sí pueden captar en la pequeña pantalla, pero que no serían capaces de entender leyendo. Hasta los 7 años aproximadamente, el niño comprende los sucesos individuales de las películas, pero no es capaz de captar las secuencias. Por si fuera poco, la actividad del niño receptor frente a la televisión no concluye al acabar un programa o al apagar el televisor sino que, frente a la pequeña pantalla, el pequeño está físicamente activo y en cuanto tal, “es un aprendiz constante”55. Por todo ello podemos afirmar que los niños, que aún no están protegidos contra el poder de la televisión, son siempre, como dice la autora María Luisa Ferrerós, “sujetos susceptibles de manipulación”56 .

Según expertos de la Universidad de Oklahoma, “cuanta más televisión ve un niño más riesgo tiene de sufrir trastornos anímicos y emocionales”. Además, el creciente ritmo de los productos audiovisuales puede generar dependencia cerebral debido a la hiperestimulación (así se consiguen niveles más altos de atracción hacia la imagen). A ello se suman efectos como el empobrecimiento del lenguaje o la alteración de las normas sobre las que se basa el respeto social (privacidad, intimidad, etc.). Otro de los grandes problemas del medio es el fomento de la pasividad que hace, a su vez, “necesaria la intervención del adulto”57 . Como explica el profesor Agustín García Matilla, “la televisión adormece, en el peor sentido de la palabra. Genera actitudes de sometimiento y falta de análisis de las vivencias de los supuestos héroes de nuestros hijos. La pasividad frente al televisor es una constante en muchos niños” en los que “es habitual que la apatía y la falta de ilusión se apoderen de ellos. Al mismo tiempo, se disparan sus niveles de consumismo y de exigencia”. En definitiva, el problema de la televisión no radia solamente en los contenidos de los programas que se emiten, sino que el problema clave es su unidireccionalidad. Por ello, como explica Joán Ferrés, “es tan negativo que el pequeño elabore su concepción del mundo a partir de la televisión”58 .

3 estudios publicados en el número de julio de 2005 de la revista Archives of Pediatric and Adolescent Medicine “relacionan el uso de la televisión con las calificaciones escolares: en todos los casos, los niños que más televisión ven sacan peores notas”, mientras que los “que tienen ordenador en casa obtienen, al menos en algunos casos, mejores calificaciones”. Un estudio realizado por las universidades de Stanford y Johns Hopkins averiguó que los niños que tenían televisor en su cuarto “sacaban notas notablemente peores” que los que no la tenían, mientras que los que tenían ordenador en casa obtenían calificaciones “notablemente mejores”. En segundo lugar, un estudio de la Universidad de Washington “mostró que los niños que empiezan a ver televisión antes de cumplir 3 años, al llegar a los 6 presentan, en proporción superior a la media, dificultades para aprender a leer y otros problemas de aprendizaje”. Por último, un estudio “realizado en Nueva Zelanda con más de 1.000 niños a lo largo de casi 30 años muestra que quienes más televisión vieron cuando tenían entre 5 y 15 años forman el grupo con menos graduados universitarios al llegar a los 26%”59. Otras investigaciones demuestran una cierta correlación “entre ver la televisión y un menor rendimiento en la lectura”60 .

También está demostrado que los jóvenes aprenden el lenguaje de la televisión, que interfiere en el mundo que nos rodea, mientras que la imagen es la base del conocimiento en los primeros años de vida.

En último término, el peligro es que la única realidad acabe siendo la de la televisión. Y cuando la tele absorbe, se puede llegar a la teleadicción. Lo más preocupante es el aislamiento personal que ésta conlleva.

La buena noticia es que los niños realizan la mayor parte de los aprendizajes de conductas por imitación y ese aprendizaje imitativo funciona de la misma manera cuando las conductas que los pequeños ven en la tele son positivas. Como explica el profesor Fernando Tucho, “el niño aprende por imitación de modelos y cada vez más la fuente de imitación es la televisión, enormemente atractiva para el niño, que imita muchas de las conductas observadas a pesar de que ni ellos ni los modelos sean recompensados por sus actos”. Además, “las manifestaciones conductuales que perfilan más profundamente la personalidad infantil son aquellas que se manifiestan como resultado de los procesos de identificación”61 , que implican un marcado vínculo emocional. Así que, como afirma la autora María Luisa Ferrerós, “podemos utilizar la influencia de la televisión para generar buenas actitudes y comportamientos generosos”. Porque “para los más pequeños de la casa, la pequeña pantalla es una gran ventana a un mundo a menudo desconocido para ellos. Supone una gran oportunidad para ampliar sus horizontes que no podemos desaprovechar”62 .

Y es que la tele también puede servir para vencer la timidez, aumentar la autoestima., potenciar la imaginación, aprender a ser creativo, enseñar a compartir, fomentar el espíritu deportivo, desarrollar la atención selectiva, tanto visual como auditiva, aprender a concentrarse, conocer otras formas de vida o aumentar conocimientos o idiomas. En 1990, el Taller de Televisión para Niños CTW de Nueva York llegó a definir “hasta 600 objetivos diferentes vinculados con las distintas actividades que niños y niñas podían llegar a potenciar como preceptores del programa” Barrio Sésamo. Incluso “los programas informativos son interesantes para promover el desarrollo del pensamiento infantil”63 .

II.3.¿Qué les influye de la televisión?

“No puede ser muy bueno para los niños que sólo vean lo que ven en televisión ni que la vean con tanta asiduidad como suelen hacerlo”64

Existe un cierto acuerdo social sobre cuáles son los valores aceptables en nuestra sociedad y en que se debe educar a la infancia en ellos. Son, como explica el profesor Fernando Tucho, los llamados “contenidos favorables”, frente a los “contenidos de riesgo”. Así, “los medios de comunicación no sólo no deberían contravenirlos, sino más bien contribuir a su difusión”65 .

Un área a la que generalmente se ha prestado muy poca atención es cómo los niños y jóvenes son presentados en los contenidos de los medios y la influencia que ejerce esta presencia en ellos. En realidad, “la presencia de los jóvenes en los medios se corresponde relativamente bien a su proporción en la población total. Pero en la televisión son presentados de forma exageradamente alegre y seductora” y “en los anuncios, los niños están extremadamente sobrerrepresentados”66. Dicha presencia es tan sólo uno de los elementos que influye a los jóvenes telespectadores. Veamos algunos contenidos más.

El sexo

En la actualidad, la televisión es la principal fuente de información sobre sexualidad. Siguiendo clasificación del profesor Fernando Tucho67, entre los riesgos que tienen los efectos sobre los conocimientos de los menores acerca de ella podemos citar los siguientes: descontextualización, imagen distorsionada de la realidad y alteración de la maduración normal del niño. Lo más habitual es que los pequeños no integren , las escenas de sexo adecuadamente, porque generalmente aparentan que ya lo saben todo cuando, en realidad, se produce una descompensación en su capacidad de asimilación. Por ello siempre hay que tratarlas con naturalidad, pero adaptando nuestra conversación a la edad y madurez de los niños.

La violencia

“La programación de contenidos violentos en televisión puede provocar reacciones agresivas en aquellas personas más inestables”68. No se trata solamente de que la violencia induzca a la violencia, sino que la violencia de la ficción trivializa la real, restándole importancia y banalizándola. Las principales teorías sobre efectos de los medios de comunicación hablan de los siguientes riesgos de la violencia en televisión: des-sensibilización y naturalización.; la exposición regular a la violencia en televisión provoca una impresión exagerada del peligro real existente; la reiteración de escenas violentas favorece la asimilación de las conductas violentas como opciones aceptables para la resolución de conflictos en la vida diaria, entre otros efectos. Y científicos de la Universidad de Birmingham “creen que en lo relativo a la visión pasiva (televisión y cine) y la visión activa (juegos de consola y ordenador) existe una asociación evidente entre la agresividad y los juegos”.

En lo que respecta a la influencia de la violencia en los niños, investigaciones basadas en el modelo tradicional de los efectos demuestran que la violencia en los medios puede inducir a su imitación, sobre todo entre los niños más pequeños, y también a un aumento de la agresividad en ciertos individuos sometidos a determinadas circunstancias. En este sentido, “las imágenes violentas en los medios de comunicación pueden tener un efecto significativo a corto plazo en los niveles perceptivos, los pensamientos y emociones de los niños, aumentando la tendencia a una agresividad o a la conducta temerosa”69 . Para el profesor Agustín García Matilla, “es obvio que la presentación de la violencia en televisión es algo que, aunque suene redundante, violenta a los niños”. Por ello, “no tiene sentido que las autopromociones –que sirven a los propios canales para publicitar las películas que se van a emitir en horario nocturno-se emitan presentando las escenas más crudas para interesar al telespectador adulto en horario de mañana o de tarde y sin previo aviso”70 .

Desgraciadamente, sin embargo, las escenas de violencia son cada vez más frecuentes y ejercen una influencia muy nociva en todas las edades, que se potencia al máximo cuando los niños ven solos estas escenas. En estas circunstancias, “los más pequeños se quedan desestabilizados y desestructurados” mientras que en los adolescentes y jóvenes, “esas escenas aumentan su agresividad y condicionan su escala de valores y sus pautas de conducta”71 .

Los niños de edad escolar se encuentran especialmente impulsados a reproducir conductas agresivas, ya que se sienten naturalmente proclives a imitar conductas de acción motora, contribuyendo así al progresivo dominio de su cuerpo. Además, las conductas violentas son siempre aprendidas con independencia del tratamiento posterior que obtengan y se reproducen cuando son incentivadas. Asimismo, aunque la violencia en situaciones que el niño entiende como “no reales” reduce sus posibles efectos negativos, “esta diferenciación no está al alcance de todos los niños hasta aproximadamente los 7 años”72 .

La violencia es especialmente imitable cuando la realizan los “buenos”: identificación y premio (aceptación social). Además, como expone el profesor Fernando Tucho, “en la mayoría de los casos, el protagonista actúa movido por la venganza, en reacción a una agresión sufrida por él mismo o por alguien de su familia o con quien mantiene unos fuertes lazos afectivos” y “en la ejecución de esa venganza el protagonista suele utilizar la violencia y transgredir las leyes”.

La publicidad

Gran parte del tiempo que los niños permanecen frente al televisor están siendo objeto de la propaganda que se realiza a través de este medio. Es la publicidad, que puede confundirles y crearles falsas necesidades marcando sus objetivos e invitándoles a un consumismo desmesurado que atrapa a los niños en sus redes.

Un estudio de la Universidad de Illinois en Chicago sobre alimentación en la población infantil concluye que “el 78% de los anuncios de alimento infantil son de comida basura” y señala que “el 44% de estos anuncios se emite durante los programas que ven niños de 6 a 11 años”. En nuestro país, según Telespectadores Asociados de Cataluña (TAC) “el 35% de la publicidad emitida en horario de protección infantil muestra desnudos, fomenta la delgadez y promueve el consumo de alcohol” mientras que, según un estudio publicado por el Consejo Audiovisual de Navarra bajo el título de Imagen de la Juventud en la Publicidad Televisiva73 , “los modelos propuestos por la publicidad desempeñan un papel no despreciable en la formación de la personalidad de los jóvenes”, para los que “los estereotipos publicitarios pueden ser una fuente de insatisfacción y provocar frustraciones en quienes no se ajustan a ellos”. Por ello, los autores de este documento piden a anunciantes y agencias de publicidad “un cambio de planteamiento para que, conscientes de su influencia, no ofrezcan retratos distorsionados de los jóvenes, sino que procuren el fomento de los valores que hoy día no es posible encontrar en los anuncios”. Además, los grupos parlamentarios de nuestro país han acordado en 2005 “instar al gobierno a que reduzca el máximo de publicidad que emite TVE en la franja infantil y se eliminen los formatos de patrocinio o emplazamiento de productos en el bloque de máxima protección”74 .

Uno de los mayores problemas de la publicidad es la saturación de mensajes: ante la necesidad de vender mucho, la publicidad se utiliza como instrumento difusor, lo que produce una saturación de mensajes en los que se vincula consumo con sociedad del bienestar y ambas con publicidad. Pero para los padres, el principal problema a la hora de sentar a sus hijos ante el televisor está en la publicidad encubierta. Además, con frecuencia los protagonistas de los anuncios son los propios niños y entre sus efectos negativos destacan también que favorece la aparición de conductas consumistas llevando a comprar de todo, se necesite o no (“fabrica consumidores en serie”75) y que sus trucos y técnicas hacen creer que la realidad es la de la televisión, debido a la exageración y difunde productos perjudiciales para la salud. Asimismo, la publicidad crea falsas promesas porque apela a un deseo del espectador y le vende lo que éste desea, construyendo modelos y distorsionando la realidad al crear un mundo ficticio desde el que se nos vende cualquier cosa. En definitiva, la publicidad provoca motivaciones ajenas a los productos que anuncia.

Sin embargo, la publicidad también favorece el consumo de los productos fabricados, permitiendo la permanencia de las empresas y un mayor nivel de renta de las personas, y la competencia entre empresas del mismo sector, beneficiando al consumidor; los anunciantes pagan a los medios de comunicación, que se financian gracias a la publicidad (con más de un billón de pesetas al año) y ésta informa al consumidor de productos y servicios que mejoran su calidad de vida.

II.4.El mal uso de la televisión

Nuestros hijos “están condenados a ser telespectadores”76

Muchas veces, lo niños recurren a la televisión “para paliar su soledad o ese aburrimiento que parece invadir sus jóvenes vidas. La televisión se ha convertido en una cómoda niñera a la que recurren los padres”77. Numerosos psicopedagogos llaman la atención sobre esta “tendencia creciente a utilizar la televisión como parking de niños, como canguro gratuito”78. Y también “la psicóloga María Jesús Álava, autora de El no también ayuda a crecer, avisa de los peligros que acarrea el utilizar la televisión como si fuera una niñera”79 .

El principal problema de utilizar la televisión como canguro es que “el niño se vincula afectivamente a aquellas realidades con las que comparte su vida”80. Según una investigación presentada por el profesor Duche en 1979 en el Congreso Europeo de Psiquiatría celebrado en Madrid, “un 40% de los niños encuestados preferían afectivamente la televisión a sus padres y un 20% la preferían a sus madres”. Y Lolo Rico habla también de la televisión como sustitutoria de la función materna y como referencia afectiva: en la actualidad, “es desde el televisor desde donde se indica con dibujos animados que hay que ir al colegio o que ha llegado el momento de comer porque va a empezar el informativo o que hay que irse a dormir porque emiten una película que no pueden ver los pequeños de la casa”. De este modo, “la televisión produce en el niño la impresión de tener compañía y respuesta para aquello temas que le preocupan. Un mundo de referencias que encubren las verdaderas necesidades de compañía y afecto que no puede dar la televisión”. Porque como a menudo hemos podido comprobar, los niños que más juguetes tienen y que más tele ven son los más aburridos.

El problema es que, como alerta esta experta en televisión y educación, “no dando a los pequeños otra diversión que la pequeña pantalla estamos marcando su destino, no sólo con la teleadicción sino con un permanente y perpetuo aburrimiento”81 . Y en este sentido, “deberíamos sentirnos culpables por haber hecho infranqueable cualquier acceso a la realidad –sin olvidar la cultura-que no sea la televisión”. Porque la televisión no sirve como niñera, ni para solucionar problemas infantiles, ni como referencia, ni para sentirse querido.

Los problemas de los padres

Pese a todo lo expuesto, es un hecho que los padres y educadores se encuentran con una avalancha de información masiva que, aunque en sí no es mala, puede serlo si quien la recibe no dispone del sentido crítico necesario para saber discernir o no se molesta en cribar, con su propio juicio, todo lo que le llega. Desde luego, hay que reconocer que la televisión no ayuda a los padres que quieren ser responsables, por lo que generalmente los progenitores “acaban rindiéndose, por agotamiento, ante el hijo que insiste en ver lo que no le conviene”82 .

Uno de los grandes problemas a los que se enfrentan los padres es que, en determinados horarios, no hay alternativa alguna para que los niños puedan ver televisión. A ello se suma que, a menudo, el niño suele ser más competente que el adulto en materia televisiva. De hecho, “al hablar de televisión, niñas y niños suelen tener una cierta facilidad para retener las constantes que caracterizan a los géneros, formatos y tipos de programas preferidos”83 . A ello se suma el problema de la contraprogramación: cuando uno ha planeado ver con sus hijos un programa o película especialmente adecuados para ellos, se encuentra con que la han cambiado por otro espacio nada recomendable.

Sin embargo, este tipo de inconvenientes no deben conducirnos al desánimo. Sencillamente, para “preparar un contexto familiar adecuado”, como aconseja el autor Joan Ferrés, lo primero que los padres necesitan es formación.

II.5.El buen uso de la televisión

Hay que “evitar la sobreprotección pero sin dejar de protegerlos84 .

Como ya hemos dicho, la televisión entretiene, informa, enseña y también acompaña a los más pequeños de la casa. Con los programas de televisión, los pequeños sienten distintas emociones, muchas veces miedo que luego les impide conciliar el sueño. Pero con la tele siempre aprenden algo nuevo. A los niños les gustan los colores, la música y las imágenes, aprenden palabras nuevas y luego, jugando, imitan lo que han visto. En definitiva, la tele les ofrece muchas cosas que les atraen, pero que no pueden tener o no necesitan. Por ello es importante que les enseñemos a diferenciar entre lo que se puede tener, lo que quisiéramos tener y lo que realmente necesitamos para crecer y desarrollarse, además de apreciar las cosas buenas que tenemos. Viendo la tele juntos, a los niños se les aclaran muchas dudas, sobre todo las que les surgen de los temas que no comprenden. Conversar sobre la tele les ayuda a no formarse ideas confusas y a aprender más y mejor. Por todo ello es importante ponerles límites con los horarios y con el tipo de programas que nuestros hijos ven en la tele. Hay que recordar que, a partir de las 22’00, las cadenas están autorizadas a transmitir programas para adultos. Las señales visuales y acústicas son una buena guía en este sentido.

La actitud familiar ante la televisión marca a los niños desde su primera infancia, pues las actitudes que se adoptan ante la pequeña pantalla durante los primeros años de vida condicionarán luego no sólo la actitud del adulto ante la televisión, sino también ante la realidad: de manera consciente o inconsciente, “su propia actitud como telespectadores será asumida como por ósmosis por los hijos más pequeños”85 . Los padres son, sin duda, los responsables últimos del problema y a ellos compete educar a sus hijos dosificando el tiempo que pueden ver la televisión o enseñándoles a verla de una forma crítica, sabiendo distinguir y seleccionar entre lo que merece o no merece la pena ser visto. En este sentido, el visionado conjunto de la televisión entre niños y adultos sirve de mediación sobre los efectos de la programación, ya que “una correcta actuación del adulto (para lo cual requiere previa formación) puede convertir cualquier efecto de la televisión en positivo”86. Actuar de filtros es imprescindible para evitar que la pequeña pantalla distorsione los modelos de conducta de los niños. Porque la televisión, utilizada de forma positiva, puede constituir una ayuda primordial para mostrar al niño realidades de difícil acceso, como la visión de países y costumbres lejanas. El problema es cuando se hace un mal uso de ella, por eso es conveniente que los padres se sienten a ver la televisión con ellos.

De este modo, siguiendo una propuesta de Agustín García Matilla, “si se considera a la televisión como un notable enemigo para la educación y para el desarrollo del niño, tal vez lo mejor sea unirse a él y utilizar el medio y la relación del niño con el medio para formarle en la recepción crítica de los mensajes televisivos”87. Se trata, en definitiva, de hacer del uso de la televisión “un aliado con el que convivir razonablemente”88 .

Una vez más, recordamos que “lo malo no es el electrodoméstico en sí, sino el uso basura que hacemos de él y el tiempo basura al que sometemos al niño si no somos capaces de interactuar con él y sacar provecho de esa permanencia ante la pantalla”. Y es que es nuestra responsabilidad el que el tiempo de visionado también sea un tiempo de acción delante del televisor. Porque la televisión es un medio que también sirve para aprender cosas y que puede ayudar a los hijos como apoyo en la escuela y, en este sentido, la familia puede realizar un importante papel como agente mediador. Por todo ello, “sería absurdo hacer únicamente responsable a la televisión”, es más,“el televisor debe ser la mejor maestra para enseñar a ver televisión, tanto en cuanto a la forma – lectura de imágenes-como a los contenidos”89 .

Haga un esfuerzo: “enseñe a los jóvenes telespectadores a ver la televisión con el ejemplo y también con la conversación cotidiana y familiar. Vean juntos cualquier programa, fueran cuales fueren sus contenidos, y coméntenlos en profundidad. Intente que los jóvenes que de usted dependen sean buenos telespectadores porque con la pasividad ante la pequeña pantalla, aparentemente inocente, se corre el riesgo de convertirse en un producto ajeno. No deje que sean las programaciones de las diversas cadenas de televisión las que formen los criterios de sus hijos, deformen sus gustos y dirijan sus inclinaciones”90 .

Lo ideal es que los padres valoren el medio en lo que tiene de positivo y que hagan a los hijos conscientes de ello. Para ello deberíamos apoyar que los progenitores puedan formarse en esta materia en la que la televisión debe ser una fuente de información útil para promover el diálogo con los hijos. Porque es desde la propia televisión desde donde “se debe enseñar a saber en qué momento se puede recurrir a la televisión para facilitar el diálogo familiar y en qué momento es preciso aprender a apagar el receptor”91 .

II.6.Educar viendo televisión

“Aspirar a que la televisión llegue a ser un medio útil para la educación y el desarrollo cultural de los pueblos sigue siendo una utopía realizable”.

“Aprender a sacarle partido a la tele y educar con ella es nuestra asignatura pendiente. Sólo es cuestión de echarle un poco de imaginación”. Así lo cree la autora María Luisa Ferrerós, que está convencida de que “a ese maravilloso aparato eléctrico se le puede sacar mucho partido. [] Sí, la tele también es un elemento mágico en nuestras vidas y puede convertirse en uno de nuestros mejores aliados educativos. La ventana mágica acompaña el crecimiento de nuestros hijos; ellos no han conocido un mundo sin televisión. Enseñarles a disfrutar de ella como una herramienta educativa y de placer está en nuestras manos. De nosotros depende que le saquen el mejor y mayor partido. [] La tele puede ser un buen recurso comunicativo... si vosotros os lo proponéis. No olvidemos que no deja de ser un electrodoméstico y que siempre dependerá del uso que nosotros decidamos darle. Todo depende del cristal con el que se mire. [] La televisión es un fiel reflejo de la sociedad en la que vivimos y será en el futuro tal como ayudemos a construirla con nuestros hijos. Con su ayuda [...] ayudaremos a cambiar el rumbo de nuestra querida tele”92 .

En este sentido, prohibir ver la televisión no es nunca recomendable, ya que la tele puede convertirse en un aliado muy eficaz para ayudarnos a solucionar problemas o para explicar nuevas situaciones a los niños e, incluso, para abordar determinados temas e iniciar el diálogo entre padres e hijos. Por todo ello, la solución a la telebasura no pasa por prescindir del televisor, sino por enseñar a los chicos a utilizarlo de forma inteligente, con criterio, no para ser esclavos de la tele sino para aprender o entretenerse de forma sana con ella. En definitiva, la televisión se puede aprovechar como un medio útil para la educación. De ahí la necesidad de educar para la comunicación estableciendo mediaciones entre los contenidos de la televisión y los receptores de los mensajes.

Son muchos los autores que llevan décadas defendiendo que los medios de comunicación son agentes educadores. Para Margarita Riviére, por ejemplo, “los medios de comunicación son educación”. Esta autora se refiere al “enorme poder que han alcanzado los medios de comunicación en nuestra época” y alerta de su poder educador. Para ella, los medios suministran una verdadera educación permanente que transmite valores” que, a su vez, “se enfrentan con los valores que más habitualmente promueve la escuela”. Y Mª Luisa Ferrerós lo dice bien claro93: “la televisión bien utilizada puede ser una perfecta herramienta educativa”. Lolo Rico lo corrobora:“cuando el mensaje que se envía a través del medio es enriquecedor, [las características de la televisión] se convierten en elementos dignos de tenerse en cuenta en la educación. Cronológicamente hablando, ésta debería iniciarse, desde la propia pantalla, cuando los niños son pequeños y el vehículo idóneo serán los programas preescolares”. Y Joan Ferrés propone “educar en la cultura del espectáculo”. La clave está en una educación multimedia, utilizando para educar, en casa y en la escuela, diferentes medios, aprovechando las ventajas de cada uno de ellos. Se trata de educar para ver críticamente la televisión.

No nos engañemos: “es a través de la pequeña pantalla y de la programación llamada de entretenimiento como se educa –o todo lo contrario-a las jóvenes generaciones”. Muchos padres se muestran asombrados por la cantidad de cosas que saben sus hijos, incluso los de más corta edad; todos esos conocimientos los han aprendido con la televisión. Y es que el discurso de la imagen tiene, evidentemente, mayor eficacia que cualquier otro de la educación tradicional.

 “Utilicemos la propia televisión para formar espectadores con mirada inteligente”94: porque cuando sean mayores seguirán pasando más tiempo delante de la televisión que en cualquier otra actividad ociosa, debemos enseñar a nuestros hijos a elegir programas inteligentes.

II.7.Consejos para utilizar la televisión aprovechando su potencial educativo

“La televisión dejará de ser un medio que adormece para convertirse en un medio que enriquece”95 .

Se trata de controlar el uso que los niños hacen de la televisión, tanto en contenidos como en tiempo, desmitificando los medios de comunicación, favoreciendo que se sientan protagonistas de su libertad y fomentando la creatividad y desarrollando mecanismos de defensa frente a los mensajes persuasivos. Se trata, en definitiva, de “tomar conciencia que podemos aprovechar los programas de TV para que niños y niñas aprendan cosas nuevas, expresen lo que se sienten, o para reforzar u orientar en ellos valores que para nosotros son importantes”96. Se trata, en fin, de vigilar sin coaccionar, no de prohibir.

A tener en cuenta:

-“Los padres tienen que enseñar a ver programas de televisión y nunca a ver televisión: éste es el primer paso para iniciar a los más pequeños en la selección de contenidos”97 .

-Se trata de utiliza la tele para enseñar, convirtiéndola en un instrumento interactivo.

-Lo que está claro es que “no conviene prohibirles la tele porque se enganchan más”98 .

-A partir de los 7 u 8 años, los niños pueden ver las noticias siempre que sea encompañía de sus mayores.

-Sin embargo, los más jóvenes nunca pueden ver bajo su capricho, aunque sea acompañados, cualquier espacio de la parrilla de televisión.

Para pensar99:

-Los padres tiene que trasmitir en primer lugar los valores morales en la familia y, posteriormente, contrastar y comprobar estos valores en los contenidos mediáticos.

-Los padres han de ser críticos con aquellos programas infantiles que no respeten los valores y derechos de los niños.

-Los padres han de tratar de equilibrar los contenidos que seleccionen para ver en compañía de los niños y jóvenes.

-Los padres tiene que informarse del contenido de los programas de televisión que se ven en su hogar con anterioridad al visionado de éstos. Esto facilitará a los progenitores el conocimiento de los efectos que determinados programas tienen en sus hijos.

-Los progenitores tienen que presentar a los más jóvenes aquellos programas que muestren contenidos relacionados con el ocio, la cultura, la naturaleza, etc., evitando aquellos insustanciales o superficiales.

-Los padres tienen que considerar también los anuncios publicitarios como un contenido muy importante de la televisión y que ejerce una poderosa influencia hipnótica en los niños más pequeños.

-La familia ha de orientar a los niños hacia la conducta ejemplar de personajes reales mejor que héroes inexistentes o imaginarios. De estos últimos habrá que extraer lo mejor y contrastarlo con ejemplos de la vida cotidiana.

-La familia tiene que dedicar su tiempo a programas de televisión de calidad y evitar aquellos espacios que sólo sirven para perderlo. La televisión es un medio de entretenimiento pero no tiene que ser de pésima calidad.

Algunas sugerencias:

-Vigile lo que sus hijos ven en televisión.

-Programe la tele, planificando su consumo.

-Dosifique el consumo de televisión, con el objetivo de que un exceso no impida acceder a las experiencias derivadas del contacto directo con la realidad100 .

-Por el contrario, siguiendo también consejos de Joan Ferrés, aproveche el enriquecimiento que supone el acceso, mediante las imágenes televisivas, a todas aquellas experiencias y conocimientos a los que el sujeto nunca podría tener acceso de manera directa. Hay que aprovechar la capacidad de motivación de la imagen para interesar a los sujetos por realidades a las que pueden tener acceso directo. En este caso, la imagen no anula la experiencia directa sino que la potencia, porque lo que se ve en la televisión puede llevar a descubrir dimensiones imprevistas de la realidad. Se trata de cuestionar la realidad desde la televisión, que puede ayudar a romper las rutinas perceptivas, y cuestionar la televisión desde la realidad, aprendiendo a confrontar las imágenes televisivas con la realidad.

-No utilice la televisión como niñera: “huya de la tele-canguro”, como dice María Luisa Ferrerós. La televisión es un medio y, por tanto, no podemos convertirla en una niñera que distraiga a los hijos porque negamos la esencia del aparato de televisión o la función que tiene que ejercer la familia en el hogar.

-Intente que los jóvenes que de usted dependen sean buenos telespectadores porque, con la pasividad ante la pequeña pantalla, aparentemente inocente, se corre el riesgo de convertirse en un producto ajeno.

-No deje que sean las programaciones de las diversas cadenas de televisión las que formen los criterios de sus hijos, deformen sus gustos y dirijan sus inclinaciones: “cree criterios para filtrar la información que les llega, enseñándoles a distinguir de dónde procede para saber qué valor tiene”101 .

Normas generales:

Ubicación de la televisión:

-Coloque la televisión en un lugar de difícil acceso, siempre dentro del salón: “el hecho de que el televisor esté situado en el lugar central de la casa llevará al niño a la convicción de que ha de ocupar el lugar central de su vida”102 .

-No les ponga televisor en su habitación. El hecho de que los niños dispongan de su propio aparato de televisión en su cuarto facilita que vean cualquier programa sin compañía y conviertan su espacio de trabajo escolar y descanso en recinto abierto a todo tipo de estímulos.

Hábitos de visionado:

-No deje a sus hijos solos ante la pantalla, mire la tele con ellos y estimule el diálogo, comentando con ellos los programas. Vean juntos cualquier programa, sean cuales sean sus contenidos. Cuanto más pequeños son los niños peor es el riesgo de que vean solos la televisión. Un niño nunca debe estar solo ante el televisor, pero si es inevitable conviene que después cuente lo que ha visto. Además, si no puede ver la tele con ellos entérese de lo que ven. Sólo debería dejar a los niños solos frente al televisor cuando se emitan programas que le ofrezcan todas las garantías.

-No basta con que el niño no esté físicamente solo ante la pequeña pantalla. Es preciso que no se sienta solo como espectador, que comparta la experiencia, que pueda dialogar, confrontar. Para ello es necesario que los padres no estén tan hipnotizados como ellos ante la pequeña pantalla. Como la interpretación que los niños hacen de los mensajes televisivos depende en buena parte de los comentarios de sus padres, unas simples intervenciones durante o después del visionado servirán para potenciar los valores de la televisión y para contrarrestar sus efectos negativos.

Horarios:

-Es importante limitar el consumo de televisión por horarios y normas, estableciendo unos límites claros: se trata de controlar el tiempo que los niños pasan frente al televisor de acuerdo a la programación que echen. Aunque el tiempo de visionado variará en función de la edad, nunca debe exceder de dos horas y lo es recomendable no sobrepasar el límite de una hora diaria.

-Antes de los 8-10 años, han de ser los padres los que determinen cuánto tiempo al día puede verse la tele pero a partir de esa edad, es importante que el pequeño aprenda a dosificar la televisión para que cuando alcance la edad adulta, sepa elegir sus programas. Fijar ese tiempo de visionado con él será un método eficaz para fomentar que se muestre activo, que piense, analice y llegue a sus propias conclusiones. Hay que ayudarle a ser protagonista y no un espectador pasivo, enseñándole a seleccionar programas con criterio y a que controle por sí mismo el tiempo que dedica a la televisión.

-Por su parte, los progenitores deben planificar también sus propios tiempos para no desatender las obligaciones familiares.

Tele-responsabilidad:

-Pida cursillos sobre televisión en los colegios de sus hijos.

-Exija a las cadenas de televisión el cumplimiento de los códigos deontológicos.

-Dé ejemplo: los niños valoran la tele según el lugar que ésta ocupa en la vida de los adultos.

Consejos prácticos:

-No permita a sus hijos tener puesta la televisión sin voz o el sonido sin imagen.

-Enséñeles a conectar el aparato cuando empiece la emisión y desconectarlo cuando termine.

-No les deje que pongan la tele nada más entrar en casa: antes deben asearse, merendar y contar cómo les ha ido el día.

-Evite la tele por la mañana: “siempre es un mal principio por la pasividad queproduce”103 .

-Tampoco es recomendable que los niños se vayan a la cama nada más terminar de ver un programa porque les puede provocar trastornos en el sueño.

-No utilice la televisión para que sus hijos se duerman.

-No les quite horas de sueño: establezca un horario fijo de acostarse y levantarse y, si hay algo muy interesante en la tele, grábenlo para verlo otro día o en otro momento.

-Evite que los niños hagan vida delante de la tele:

  • Los pequeños no deben ver la televisión comiendo. Además, hay que evitar que la televisión esté encendida durante las comidas, que deben ser un momento de diálogo. “Cuando se utiliza la televisión para que el niño coma, se corre el riesgo de fomentar en él la adicción”104. Además, fascinado por las imágenes, el pequeño suele olvidarse de masticar.
  • Evite que los niños hagan los deberes del colegio viendo la televisión, ya que el esfuerzo que exige seguir un programa les impide realizar otro al mismo tiempo.

-Recuerde: “los niños funcionan mejor si tienen unos hábitos diarios”105. Lo importante es que nunca dejen de hacer lo que tienen que hacer por ver la tele ni que ésta les impida desarrollar sus actividades cotidianas. Además, lo ideal es que niños y jóvenes tengan oportunidades en las que invertir su tiempo de ocio.