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Comentario de texto:
Fragmento del "Cantar de Mio Cid"

v.35-54 del Cantar del Destierro


 

 

 

 

 

 

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Los guerreros de Mío Cid    dicen a voces que abran,

pero están dentro con miedo,    y no responden palabra.

Aguijó el Cid su caballo    y a la puerta se acercaba;

el pie sacó del estribo    y la puerta golpeaba.

Nadie la pudo abrir,    que estaba muy bien cerrada.

Una niña de nueve años    se acercó y así le hablaba:

«¡Oh Campeador,    que en buena hora ceñiste la espada!

Abriros lo prohíbe el rey,    anoche llegó su carta

con advertencias muy graves,    con lacre real sellada:

bajo ninguna razón    podremos daros posada;

nos quitarán, si lo hacemos,    nuestros bienes y las casas,

e incluso nos sacarán    los ojos de nuestras caras.

Si nos causáis este daño,    oh Cid, no ganaréis nada.

Mejor que os ayude Dios    con toda su gracia santa».

Y cuando acabó de hablar,    la niña tornó a su casa.

Comprende el Cid que es del rey    de quien ya no tiene gracia.

Y se alejó de la puerta,    por Burgos veloz pasaba;

y llegó a Santa María:    allí del caballo baja,

allí se hincó de rodillas,    y emocionado rezaba.

Terminada su oración,    el Cid de nuevo cabalga.

 

Es un fragmento del Poema del Mio Cid del comienzo del Cantar I “Cantar del destierro” [versos 35 a 54]. La acción está situada al comienzo del Poema, cuando salen de las tierras del Cid exiliados por orden del rey Alfonso VI y llegan a Burgos. Allí encuentran que sus habitantes están escondidos en sus casas, con las puertas fuertemente cerradas, temerosos de la orden del rey de castigar a quien dé auxilio o alimento al Cid.

En este texto, en concreto, ante la falta de respuesta de los dueños de la posada a los soldados del Cid, el mismo Campeador decide bajarse del caballo y llamar a la puerta. En ese momento sale una niña indefensa que le cuenta al Cid el motivo de su encierro. El Cid decide, para evitarles un mal, continuar viaje con sus guerreros, no sin antes pararse a rezar en la iglesia de Santa María.

 Al estar situado al comienzo del primer Cantar, el juglar deja claro varios aspectos de la historia. Por un lado, la animadversión del rey al Cid, hasta el punto de castigar a quien le de cobijo. El comprensible miedo del pueblo, ya que no tienen medios para defenderse del castigo; de hecho envía a una niña indefensa e inocente, quien no ha de mentir ni ser castigada. Y, principalmente, destacar las cualidades de buen caballero del Cid: "buen vasallo", acepta sin queja la orden del rey; "de buen corazón", es comprensivo con el pueblo, del que se aleja para evitarles un mal; y "buen caballero cristiano", reza con resignación ante la adversidad.

En cuanto la estructura externa, estamos ante un cantar de gesta: versos irregulares (de unas dieciséis sílabas) con monorrima asonante [a-a].

En su estructura interna podemos distinguir tres partes:
     a) [v.1-5]  El Cid y sus gentes piden que abran la posada/casa.
     b) [v.6-15]  Parlamento/explicación de la niña.
     c) [v.16-20] Comprende el Cid las razones de la gente [v.16] y prosigue la marcha [v.17], parándose a rezar ante una iglesia [v.18-20].

Por sus características de texto narrativo, encontramos pocos recursos de estilísticos. Cabe destacar la expresión que en buena hora ceñiste la espada” [v.7 ], propio del carácter dignificador de las cualidades del Cid y el pleonasmolos ojos de nuestras caras” [v.12 ].

 



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